PARIS, Francia.- El fenómeno meteorológico de El Niño podría provocar 451.000 muertes adicionales relacionadas con el calor en todo el mundo hasta febrero, al provocar un aumento de las temperaturas globales, según proyecciones científicas publicadas este miércoles.

Este fenómeno, declarado en junio y cuyo pico se espera para finales de año, se encamina a convertirse en el más intenso jamás registrado, amplificando los efectos del cambio climático de origen humano.

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Al calentar las aguas superficiales en los mares del planeta, El Niño modifica los patrones meteorológicos y los vientos sobre el Pacífico, con repercusiones en cadena sobre las precipitaciones y las temperaturas a escala mundial.

Según estimaciones del Climate Impact Lab, de la Universidad de Chicago, los países en desarrollo podrían ser los más afectados por la mortalidad asociada al calor generado por el fenómeno entre junio y febrero.

De acuerdo con cálculos que aún no han sido revisados por otros expertos pero que serán publicados en una revista científica, la región del Sahel, en África, podría registrar 66.800 muertes adicionales por calor respecto a un año normal, de las cuales casi la mitad se producirían en Nigeria.

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Indonesia podría sufrir 19.300 muertes adicionales, mientras que el balance ascendería a 19.400 en conjunto en Filipinas, Vietnam, Tailandia y Camboya, 15.800 en India y 13.300 en Brasil. Para llegar a estas cifras, el Climate Impact Lab se basó en investigaciones sobre la relación entre temperatura y exceso de mortalidad en 24.378 regiones, teniendo en cuenta el clima local y la vulnerabilidad de cada zona.

Posteriormente, cruzó esos resultados con previsiones de temperatura a largo plazo para estimar el número de muertes adicionales atribuibles a El Niño en comparación con la media del período 1996-2025.

El 22 de septiembre, las Naciones Unidas ya habían alertado sobre la “importante amenaza” que representan las múltiples repercusiones potenciales de El Niño para la salud.

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Además del calor, que puede agravar determinadas enfermedades, el fenómeno puede deteriorar la calidad del aire debido a los incendios y favorecer la malnutrición y el cólera por las sequías y las inundaciones.

Hambre y desesperación

El árido Corredor Seco Centroamericano sufre los estragos de este fenómeno: la peor sequía que la población recuerda debido al fenómeno El Niño. La comida escasea y los campesinos se apresuran a vender el ganado antes de que muera.

“A veces me pongo a llorar. A veces uno come, a veces no”, cuenta Lidia Ochoa en San Lorenzo, en el sur de Honduras.

La zona es parte del corredor seco que también abarca áreas de Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica. Aquí viven más de 10 millones de personas y 80% de los pequeños productores son pobres, según la ONU.

El Niño y la urgencia de anticiparse

Acostumbrados a eventos climáticos extremos, la población está desconcertada por la severidad del fenómeno que amenaza con intensificarse a niveles históricos. “Nunca habíamos visto algo como esto”, dice Ochoa, de 76 años.

En esta época del año la parcela de Francisco Molina, agricultor y ganadero de 48 años, debería estar cubierta de maíz. Pero es un campo árido rodeado de osamentas de ganado donde el calor sofoca.

La escena se repite en El Salvador. “Es el primer año que hemos visto esta escasez y esta necesidad de agua”, cuenta María de la Paz Portillo, de 31 años, administradora de un tanque cada vez más seco que surte a la comunidad de El Matazano. En la zona el termómetro ha llegado al récord de 42°C.

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El Niño, variación natural del clima que ocurre cada dos a siete años, eleva las temperaturas superficiales en el centro y este del Pacífico ecuatorial, lo que genera cambios globales en vientos y lluvias, y condiciones meteorológicas erráticas.

Racionar la comida

Ante la pérdida de cultivos generalmente destinados al autoconsumo, algunos campesinos están reduciendo las comidas o se ven forzados a comprar lo que normalmente producen.

Aunque los gobiernos han declarado el estado de emergencia, su ayuda parece insuficiente y varias comunidades dependen del apoyo de oenegés.

“Todas las cosechas de maíz se van a perder”, afirma la líder indígena Elvira Pasá desde una lejana aldea del municipio de Cunén, en el norte de Guatemala, país con serios problemas de desnutrición infantil que se agravan con la sequía. Sus vecinos, cuenta, ya compran maíz 50% más caro de lo normal.

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“Comemos una tortilla y no volvemos a comer más porque todo está carísimo”, se lamenta Lidia Ochoa en Honduras.

Antaño el tanque de agua de El Matazano daba para abastecer permanentemente a medio centenar de familias y llenar un depósito donde vecinos criaban unas 1.000 tilapias para consumo y venta. Pero dejaron los peces y reservan el agua para usos prioritarios.

“Nos está afectando porque (...) no estamos consumiendo tilapia, y también en lo económico porque era un sustento”, afirma María del Carmen Portillo, de 32 años, en este poblado salvadoreño.

El Niño, que según meteorólogos alcanzará su apogeo a fin de año, podría dejar sin suficiente alimento a 16 millones de personas en América Latina, dijo Lena Savelli, directora regional del Programa Mundial de Alimentos de la ONU. Según expertos, las repercusiones del fenómeno continuarán hasta bien entrado 2027.